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Buscando nuevos modos para reducir residuos

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Buscando nuevos modos para reducir residuos

Siempre hemos oído la posibilidad de reciclar, reutilizar, vender un producto que ya no necesitamos, pero hay nuevas vías para reducir residuos

Seguro que en varias ocasiones te has visto con un mueble, un electrodoméstico, un aparato tecnológico o cualquier cosa que respondía a una necesidad –que creíamos definitiva- y que fue tan solo temporal.

En los últimos años han surgido gran cantidad de plataformas, Apps y otras vías de deshacerse de lo que ya no necesitamos, de darle una segunda vida con alguien que sí lo necesite.

Para incidir, quizás aún más, en la sostenibilidad de los procesos de elaboración del producto surge el desapego hacia la propiedad.  Una sensación que se abre paso entre las nuevas generaciones, a veces por necesidad a veces por filosofía. Llega la ‘economía de acceso’.

¿Qué es la economía de acceso?

En éste artículo publicado en Diario Sur lo explican en profundidad. Consiste en la posibilidad del usuario de elegir utilizar un producto pero, en el momento en que entienda que no lo quiere, vuelve a estar disponible para ser reutilizado por otra persona que sí lo necesite.

Este planteamiento requiere de un importante cambio de mentalidad en los consumidores. La llamada ‘economía de acceso’ es habitual desde hace años en el entorno empresarial y ahora la apuesta es hacerse un hueco entre la gente de a pie.

Tecnología, bicis y vino

En el caso de la tecnología, el ejemplo es paradigmático. Si los cambios del mercado son constantes para ofrecer más y mejores productos, la suscripción temporal tiene más sentido. Se paga al mes una cantidad fija (por ejemplo, un iPhone 13 por 73 euros al mes) y cuando se desee cambiar por la razón que sea, la suscripción se puede cancelar. Igual con bicicletas, coches o servicios de planchado de ropa o limpieza semanal de la casa. ¡Incluso muebles y electrodomésticos! Todo lo que, sea por la razón que sea, pueda tener un uso limitado en el tiempo cabe en este planteamiento.

Además de pagar mes a mes solo mientras se necesite el bien, esta fórmula también permite probar antes de tomar una decisión más definitiva y comprar. Sucede, por ejemplo, las bicicletas, el ejemplo más claro en los tiempos que corren, cuando mucha gente quiere dar un paso más allá y abrazar este vehículo ‘verde’ como medio de transporte habitual.

Uno de los problemas de la economía tradicional es que no permite margen de error. Si se compra una bicicleta eléctrica y luego, ni las posibilidades físicas ni los recorridos acompañan, se acaba teniendo una bicicleta y, además, un desperdicio.

La suscripción permitiría probarla y si no se ajusta a lo que realmente uno esperaba, se olvida de ella. O lo contrario: te convence y pasas a adquirir ese producto (fuera de la plataforma) que sí servirá a largo plazo.

¿Se ahorrará con esto?

Está por ver. El cálculo no es sencillo. ¿Lo que se paga al mes por tener acceso a un coche es más o menos económico que comprarlo? Depende del uso que se le dé, del precio, del tiempo de la suscripción, del tiempo que hipotéticamente cumpla un coche adquirido con su cometido… Lo que sí se puede decir es que es un modelo que permite a más gente acceder a más cosas tengan o no dinero para adquirirlas. El tiempo dirá si cala en los hábitos de consumo. La alternativa ya existe.