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11 acciones para combatir el cambio climático en las ciudades

Diputación de Málaga
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11 acciones para combatir el cambio climático en las ciudades

Las ciudades pueden llevar a cabo un análisis detallado del impacto de la reducción del riesgo, los costes y la viabilidad de las diferentes acciones

Un informe de C40 Cities Climate Leadership (una red de grandes ciudades comprometidas con el clima, entre ellas varias españolas) y la asesoría McKinsey España  analiza algunas prácticas para atenuar el impacto de calentamiento en los núcleos urbanos

De las 15 acciones expuestas por el informe, cuatro fomentan la resiliencia sistémica, lo que significa que fortalecen ciudades de todos los perfiles; y las otras 11 son específicas, es decir, se dirigen a riesgos climáticos físicos concretos. Sin más dilación –y en castellano- las enumeramos a continuación:

1. Árboles en las calles y otros pequeños ambientes verdes reducen la temperatura del aire y de las superficies. Los grandes parques tienen un impacto similar pero son más caros de realizar y mantener.

2. Tratamiento para refrescar las superficies, como pintar de blanco techos, muros y pavimentos, pueden reducir las islas de calor urbanas adaptando las superficies para que reflejen la luz del sol y absorban menos calor. Cuando la pescadería de Mercamadrid instaló un techo impermeable y reflectante con una capa de pintura blanca, la temperatura en el interior del edificio bajó 7 grados Celsius.

3. Gestión de cuencas fluviales, viéndolas como un todo –tramo alto, tramo bajo y el ciclo urbano del agua-. Promover el desarrollo de ecosistemas naturales y el discurrir del río. Incluye planes de cuenca, infiltración y retención de agua en la cuenca alta, renaturalización del curso del agua y protección ante inundaciones –acciones con un significado potente para reducir riesgos. Por ejemplo, reforestar con árboles autóctonos y arbustos a lo largo del río pueden reducir las escorrentías, reduciendo el riesgo de inundaciones en la cuenca baja.

4. Soluciones de drenaje urbano basados en la naturaleza. Usando materiales naturales como tierra, rocas y pendientes para optimizar la absorción e infiltración del agua, reduciendo el uso de hormigón.

5. Barreras costeras basadas en la naturaleza como humedales y manglares restaurados a sus características físicas, químicas y biológicas naturales, pueden reducir el riesgo de subidas del mar porque estas barreras estabilizan los sedimentos, previenen la erosión y reducen la altura de las olas.

6. Barreras costeras artificiales como malecones con compuertas, rompeolas, sacos de arena, revestimientos y diques pueden reducir el riesgo de subida del nivel del mar y la erosión.

7. La inversión en construcciones resistentes a las tormentas e inundaciones puede reducir significativamente el daño causado por las oleadas de tormentas y las inundaciones costeras. Una inversión que saldría rentable porque, según un informe del Instituto Nacional de las Ciencias de la Construcción de EE.UU., construir un reacondicionamiento ante el viento puede crear 6$ por cada dólar gastado.

8. Programas de cambio de comportamiento encaminados a educar a la población sobre el uso del agua encaminado a reducir su consumo. Tras una campaña iniciada en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), redujeron satisfactoriamente el consumo de agua en más de un 50% entre 2015 y 2018, disminuyendo significativamente el consumo del agua en las viviendas.

9. Mejoras en la eficiencia. El agua desperdiciada es uno de los mayores retos para muchas ciudades. Los sistemas de eficiencia pueden ayudar. Una de las iniciativas más comunes es identificar las pérdidas físicas y las debilidades para repararlas.

10. Planes de desarrollo antiincendios. En el contexto de los incendios, un plan de desarrollo trata de limitar las construcciones en terrenos propensos a incendios. Reduciendo el desarrollo en áreas vulnerables, directamente se reduce el riesgo de incendios; también previene el desarrollo de combustible para los fuegos.

11. Administración preventiva forestal. Es necesario para reducir el impacto de los incendios y, en algunos casos, prevenirlos. Puede incluir estrategias como incendios preventivos, plantar vegetación resistente al fuego, tratamientos químicos y eliminación de combustibles. La administración forestal normalmente no es una responsabilidad municipal, ya que los bosques y campo se encuentran habitualmente fuera de las áreas urbanas. Sin embargo, varios estudios han demostrado que los fuegos preventivos –fuegos con cuidados que se realizan bajo condiciones específicas de clima para reducir combustible en los hábitats naturales- pueden reducir la intensidad de los incendios entre un 10 y 98%.

El informe describe, a grandes rasgos, cómo las ciudades pueden poner en práctica las acciones de adaptación y, para ello, sugiere empezar por definir los peligros más relevantes y por entender los riesgos que esos peligros suponen para sus comunidades. A partir de ahí, las ciudades pueden llevar a cabo un análisis detallado del impacto de la reducción del riesgo, los costes y la viabilidad de las diferentes acciones.