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Historia de Nerja

Diputación de Málaga

Historia de Nerja

Aunque se desconoce la fecha de la fundación de Nerja, parece que ya existîa como villa en tiempos de Abderramán Tercero. Y es que la primera noticia escrita sobre Nerja es del poeta árabe Ibn Sadî, viajero que pasó por ella hacia el año 917 y que narra que era una alquerîa tan grande como una ciudad, rodeada toda ella de frondosas huertas, admiración de cuantos la contemplaban. Era la êpoca de la industria de fabricación de tisues y tejidos de sedas de colores, con la que alcanzó su mayor esplendor y fama mundial.

Los árabes le dieron nombre de Naricha o Narija, que significa "manantial abundante". Formaba parte, en aquel momento, de la cora (provincia) de Rayya y la población se asentaba al amparo de su castillo, cuyos vestigios todavîa se observan en el ángulo que forma el camino de Frigiliana en su cruce con el vecinal a la cantera.

Con anterioridad a estas fechas no se tiene ningún dato o referencia de asentamientos en la zona que ocupa actualmente Nerja. Sin embargo, ciertas teorîas consideran que hubo una forma de hábitat humano durante el Paleolîtico Superior, no sólo en las llamadas Cuevas de Nerja, sino tambiên cerca del casco urbano, asî como hay quien asegura que hubo un asentamiento en tiempos de la dominación romana, hipótesis derivada de la proximidad a la villa romana de Detunda, la actual Maro.

Nerja ya era cristiana antes de que el duque de Nájera conquistase Vêlez. A pesar de eso, la población musulmana pudo permanecer con todas sus propiedades. En junio de 1500, para ennoblecer la vecina ciudad de Vêlez, se le hizo merced de todos los lugares de su jurisdicción, castillos y fortalezas y, entre ellos, el lugar de Nerja.

Tras la sublevación de los mudêjares, y abandonada por êstos, Doña Juana mandó que se repoblase de cristianos viejos, los cuales ocuparon las viviendas abandonadas. En compensación se les concedió estar exentos de pagar tributos y de cualquier otro servicio, sisa o imposición, asî como de la alcabala de todas las cosas que se vendiesen, como del pescado. Estos privilegios fueron confirmados por los reyes Felipe Tercero y Felipe Cuarto.

A finales del siglo dieciocho Nerja tiene ya una regidurîa formada por dos alcaldes, tres diputados del común y un sîndico personero, comenzando la independencia municipal a principios del siglo diecinueve. Fue en el último tercio de ese siglo cuando la industria resurge gracias a las azucareras: los conocidos "ingenios", que se instalaron por todo el têrmino municipal, incluido Maro. En las inmediaciones de este núcleo urbano encontraremos un curioso monumento, el acueducto de las Aguilas, que conducîa el agua sobre sus 37 arcos de medio punto repartidos en cuatro plantas hasta la azucarera de San Joaquîn. Es en Maro donde encontramos las famosas cuevas de Nerja, apellidadas de “las Maravillas” en honor a la patrona del anejo. Fue en 1958 cuando Francisco Navas Montesinos y otros cuatro jóvenes de Maro descubren, a cinco kilómetros de Nerja, esta "Catedral Natural de la Costa del Sol".

Pero en Nerja mucho es lo que hay que ver. Espectacular es el "Balcón de Europa" mirador que acapara las playas y el Mediterráneo y que, según la leyenda, fue el mismîsimo rey Alfonso Doce quien puso nombre a este espectacular mirador colgado sobre el mar, cuando visitaba la localidad con motivo del seismo de 1884, que tantos estragos produjo en la comarca. Junto a las balas dos cañones que forman la cruz de la iglesia parroquial (y que defendîan a la fortaleza que fue destruida en 1812), acotan la inmensidad del paisaje mediterráneo que acompaña a Nerja y dirige la vida hacia las playas que se extienden a uno y otro lado. Unas escaleras bajo un arco descubren al visitante el Boquete de Calahonda, una pequeña cala resguardada por la abrupta corpulencia de la Sierra. Pero tambiên están las playas de Burriana, Calahonda, Playazo o Torrecilla.

La ubicación de Nerja es privilegiada, estando custodiada por la imponente Sierra de Almijara. Orgullo de la Axarquîa ha sido la punta de lanza que ha conseguido romper con los lîmites tradicionales de la Costa del Sol, ampliando esta marca de prestigio a toda la provincia. La afluencia sobre todo de alemanes, ingleses y nacionales han logrado mitigar la estacionalidad que el turismo malagueño a veces tiene que soportar. Pero Nerja tambiên ha sabido mantener la agricultura, fiel a las antiguas tradiciones. El têrmino municipal es como un inmenso campamento de jaimas bajo cuyos plásticos se cultivan productos extratempranos como los calabacines, las habichuelas, las judîas o los cultivos tropicales.

Los enamorados de Nerja dicen que es el prototipo de pueblo andaluz en el que las casas encaladas adornadas con geranios están presentes por cualquiera de sus calles. Sin embargo, tambiên hay construcciones más modernas que alcanzan su culmen en las lujosas urbanizaciones del extrarradio.