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Mirador Natural del Pinsapo o de la Huerta

Diputación de Málaga

Mirador Natural del Pinsapo o de la Huerta

Pinsapo (Genalguacil)

El pinsapo (Abies pinsapo boiss), es un árbol reliquia del Terciario que ha sufrido muchas variaciones climáticas a lo largo de su existencia quedando relegado y aislado en las zonas más abruptas al igual que el resto de los abetos mediterráneos.

El Pinsapo es una especie exclusiva de estas serranías andaluzas, formando poblaciones inconexas de distinta extensión. Se desarrolla sobre las sierras calizas grises de Ronda y Grazalema, existiendo masas de gran extensión en las umbrías del Parque Natural Sierra de las Nieves y en la Sierra del Pinar de Grazalema. También se cría sobre las rocas peridotitas (rocas de origen intrusivo de las capas más profundas de la corteza terrestre que colorean de rojo la sierra) de los Reales de Sierra Bermeja, de donde salieron las primeras muestras del herbario del boticario malagueño Félix Haenseler.

Posteriormente, en 1838, el botánico suizo Pierre Edmond Boissier daría a conocer al mundo esta nueva especie.

El Pinsapo se cría en canchales pedregosos, suelos poco profundos de pendientes acusadas, entre los 1.000 y los 1.800 m aunque, aisladamente, pueden darse en fondos frescos de barrancos a 350 m. Es uno de los abetos de mayor resistencia a la sequía estival, aunque, como el resto de sus hermanos, necesita un grado de humedad por encima de 1.000 mm anuales. Tiene un elegante porte cónico muy acusado en su juventud que, en ejemplares viejos, va perdiendo. Este abeto, que puede sobrepasar los 20 m de altura, se diferencia de los demás porque sus hojas aparecen dispuestas de forma perpendicular a sus ramillas en todas direcciones, de forma helicoidal, lo que le da el característico aspecto de “limpiatubos”.

Sus flores masculinas, de rojo oscuro, se sitúan en las ramas bajas mientras que  las femeninas, futuras piñas, en las partes altas, favoreciendo de esta forma la dispersión de las semillas por el viento gracias a una pequeña ala. Florece entre abril y mayo, y las piñas maduran en septiembre u octubre.
Esta rareza botánica es un ejemplo de tenacidad y resistencia frente a todos los elementos; las sequías, los incendios forestales, las plagas y enfermedades, el diente del ganado, la utilización de su madera para la construcción y la desidia de la intervención del Hombre. Actualmente se están haciendo grandes esfuerzos para que esta especie continúe vistiendo con su característica gama de verdes oscuros, azulados y plateados, las umbrías de la Serranía de Ronda.

José María Guerrero
 

Mirador
CP 29492