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Gran Senda de la Sierra de las Nieves (GR 243). Etapa 03. Yunquera - Tolox

Diputación de Málaga
Yunquera. Foto encabezado Etapa 3 GR 243

Gran Senda de la Sierra de las Nieves (GR 243). Etapa 03. Yunquera - Tolox

Ruta A pie
Dificultad - Verde - Muy fácil
Acceso -

1. Inicio de la etapa:

Acceso al punto de inicio: Molino de Los Patos; final de la calle Agua, Yunquera.

2. Finalización de la etapa:

Acceso al punto de finalización: Cruce entre carretera A-7250 de acceso a Tolox con calle Erilla, Tolox.

Es de obligado cumplimiento abstenerse de recolectar los frutos de las parcelas colindantes al sendero, las cuales, además de tener dueño, son el sustento y modo de vida de los campesinos. Aunque el tráfico rodado es más bien bajo, no dejéis de mostrar atención al paso de vehículos para evitar posibles atropellos. No se permite caminar por las acequias de riego, ni por las del complejo hidroeléctrico. Los días de lluvias se recomienda calzar botas de media caña, pues suele formarse barro en algunos tramos del carril. A pesar de la escasa distancia y de discurrir casi siempre por carriles, tendremos que dosificar las fuerzas en la subida desde Río Grande a la loma de la Pola, con algunos tramos de gran pendiente. Un par de bastones telescópicos nos ayudarán en tal fin.

Coincidencia con otros senderos

Este sendero coincide con el SL-A 246. Yunquera - Río Grande, en los cien primeros metros de la etapa.

Duración - 3:00 horas
Longitud - 8800 Km
Rutas

Al final de la calle Agua hallamos el edificio del antiguo molino de los Patos y varios de sus elementos más significativos, como el doble socaz y el acueducto que pasa de un lado al otro de la calle. Estuvo dedicado a la molienda de trigo. Por aquí corren las aguas del naciente río del Plano, ante el que se articula un interesante agrosistema conformado por una laberíntica red de acequias y bancales delimitados por las curvas de nivel y sujetos por gruesos muros de piedra seca. Además de alguna huerta, en los tableros proliferan viñedos, higueras, frutales y cítricos principalmente, aunque en los últimos años han tomado protagonismo los cultivos tropicales, especialmente de aguacateros. La estampa es bellísima; diríase que una magistral lectura visual de un paisaje agrario y cultural sobresaliente, combinado por la altiva y áspera Sierra Cabrilla y el blanco caserío de Yunquera asomado a un travertino sujeto a la fragosidad del atávico policultivo de vertiente. Agua, tierra y simiente en perfecta simbiosis. Es el concepto andalusí del huerto jardín. Ahora lo llaman sostenibilidad. Desde este predio, igualmente observamos las instalaciones de la estación depuradora de aguas residuales de Yunquera.

Al llegar al fondo del valle cruzamos el humilde río del Plano y avanzamos por la pista en dirección al puerto del Castaño, lugar donde confluyen varios caminos y punto de interés para experimentar los procesos geológicos externos y el cabalgamiento de rocas con diferentes génesis, entre ellas las sedimentarias, las metamórficas y las ígneas, caso de las peridotitas. Dejamos atrás esta encrucijada y descendemos de manera descarada hasta toparnos con las aguas de Río Grande. Antes de cruzarlo, merece la pena tomar la corta bifurcación de la derecha para conocer el edificio de la central eléctrica de San Pascual (Km 2,6).

Sube la pista por la empinada ladera y descubrimos en un margen la acequia, acertadamente vallada. En Yunquera le llaman el Dique. Nos vamos alejando del río y ganamos la suficiente altura para contemplar el cerrado valle con escasas vegas cultivables. Las pinas laderas que nos contornean se cubren de olivos y almendros, aunque el monte, debido al abandono de la actividad agrícola, va recuperando espacio la encina, el acebuche y el algarrobo acompañado de un cerrado sotobosque. En las vaguadas, debido a la humedad y menor exposición solar, los quejigos crecen a sus anchas.

Estaremos atentos para adivinar en un margen del camino las ruinas de los referidos talleres de Taillefer, de lo que resta de una de las desvencijadas canalizaciones, de los pequeños diques y de los curiosos puentecitos que daban paso de un lado al otro. Más adelante observaremos una antigua cata que fue alargada posteriormente por un vecino en búsqueda de riquezas, de ahí que se le conozca como el túnel del Tesoro.

Poco antes de que el GR-243 vire hacia el sur y se aleje de Río Grande, estaremos atentos al cruzar el barranco Aguilera, bastante hendido y rodeado de abundante vegetación. Desde el carril se desciende por un corto, pero empinado senderillo, hasta el canal que conduce el agua a la abandonada central de San Augusto. Ojo, la bajada no es recomendable para personas con vértigo o escasa destreza. Un viaducto sortea la barranquera que se precipita hacia Río Grande en diversas cascadas.

De vuelta al sendero, avanzamos entre lomas cubiertas de olivar y almendros, disfrutando de espléndidas panorámicas a los contornos cercanos. Si agudizamos la vista a uno de los meandros de Río Grande, descubriremos el hermoso cortijo de la Puente, de cierta dimensión y con aíres señoriales. Junto al edificio principal se eleva una pequeña ermita. Igualmente, muy cerca se adivina el precioso puente con arco de medio punto por donde pasaba uno de los caminos de Tolox a Yunquera, tal como se recoge en un mapa del Instituto Geográfico y Estadístico fechado en 1953.

Alcanzada la loma de la Pola (Km 6,9), donde hallamos un cruce de caminos y el depósito de aguas, acaba la ascensión. Ahora toca disfrutar de la comodidad del trazado, abierto a la vertiente más benigna de Río Grande en su discurrir entre suaves lomas cultivadas que se adentran en el Valle del Guadalhorce. Hacia el sur y oeste se mantiene el carácter montaraz de la sierra Parda en marcado contraste con el gris de la sierra de Tolox. En ese escenario de tonos verdes, bermejos y terrizos aparece fulgurante el casco urbano de Tolox, hacia donde se dirigen nuestros pasos.

Antes de acceder a la avenida de San Roque, en Tolox, tendremos que cruzar el río Alfaguara, que en este tramo y hasta confluir con Río Grande en el paraje de las Millanas, se le conoce como Almozara.

Flora

En el conjunto montañoso de la Serranía de Ronda en general y en Sierra de las Nieves de manera particular, encontramos representación de lo más selecto de la flora mediterránea y un buen ramillete de plantas exclusivas entre los que destacan los curiosos endemismos serpentinícolas. La vegetación potencial va íntimamente ligada a los diferentes pisos bioclimáticos constatados: termomediterráneo (0-600 m), mesomediterráneo (600-1200 m), supramediterráneo (1000-1600 m) y oromediterráneo (1600-2000 m). Igualmente, las comunidades vegetales variarán en función de las distintas litologías. Este cúmulo de circunstancias refrendan la potencialidad botánica del territorio, considerado como Punto Caliente según el mapa de biodiversidad elaborado por la organización medioambiental norteamericana “Conservación Internacional”.

EL PINSAPO

La estrella de la foresta andaluza, el pinsapo, tiene su origen en el Plioceno, último periodo de la era Cenozoica, hace unos 5 millones de años. Se establece en nuestro territorio huyendo de la glaciación del Cuaternario que cubre el centro y norte de Europa. Se halla emparentado con otros abetos circunmediterráneos, con quienes comparte un origen común. El Abies pinsapo Boiss es un endemismo exclusivo de la Serranía de Ronda, ya que su pariente de la cordillera del Rif, el Abies marocana, es considerado por la comunidad científica como un taxón diferente a pesar de la contrastada apariencia de ambas especies. Fuera de su área natural de crecimiento, hallamos algunos rodales, fruto de repoblaciones, en el Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama (Málaga), en el Parque Natural Sierra de Huétor (Granada), en el Parque Nacional Sierra de Guadarrama (Segovia) y en la Sierra de Santa Cruz (Zaragoza). En la Península Ibérica crece igualmente el abeto blanco (Abies alba), circunscrito al área de Pirineos.

En el Parque Nacional Sierra de las Nieves se halla el 85% de las masas de pinsapar, ocupando una extensión aproximada de 3.500 ha repartidas, básicamente, entre los montes de Yunquera, Ronda, Parauta, Tolox y El Burgo. Nuestro abeto no tiene una preferencia edáfica especial, ya que lo vemos prosperar en calizas, peridotitas y suelos silíceos. Se desarrolla entre los 1.000-1.800 metros de altitud, normalmente en cañadas orientadas al norte y con pluviometría superior a los 1.000 mm. Soporta muy bien la sequía estival. Presenta la característica forma cónica de los abetos, aunque con la edad, debido a la pérdida de ramas y a las afecciones de los ácaros, tienden a engrosar o adoptar la figura de candelabro. Algunos ejemplares casi alcanzan los 30 metros de altura.

Con el fin de evitar la autofecundación, las flores masculinas se disponen en las ramas medias y bajas; en tanto, el cono femenino siempre ocupa la copa del árbol. Los piñones son pequeñitos y tienen una alita trasera que les ayuda a propagarse por el territorio. Cuando el hábitat es propicio crece de manera monoespecífica, aunque en otros ambientes es frecuente hallarlo en bosques mixtos de pinos y quercíneas e, incluso con el introducido Cedrus atlantica, serie vegetal que se produce en Marruecos con el abeto del Rif. Los llamados “pinsapos glaucos” presentan las acículas con una coloración azulada que los hace especialmente fotogénicos al distribuirse mezclados de manera muy dispersa con sus congéneres.

El pinsapo vive coligado a un singular séquito florístico representado por especies como la adelfilla (Daphne laureola var. latifolia), la alhucema (Lavandula lanata), la peonía (Paeonia broteroi y P. coriacea), el eléboro (Helleborus foetidus), la Rubia peregrina, la escasa Atropa baetica o el gavo (Ononis reuteri). En los pastizales del límite del pinsapar abunda el rosal silvestre (Rosa micrantha), el espino majoleto (Crataegus monogyna), la zarzamora (Rubus ulmifolius) y ejemplares aislados de endrino (Prunus spinosa).

LOS HONGOS

La variedad fúngica de Sierra de las Nieves deviene de las distintas formaciones vegetales presentes en el ámbito de la Reserva de la Biosfera. En bosques de quercíneas hallamos la carbonera (Russula cyanoxantha), la amanita panterina, el pie azul (Lepista nuda), la yema de huevo (Amanita caesarea), la chantarela (Cantharellus subpruinosus), el parasol (Macrolepiota procera) y los boletus aestivalis, edulis y aereus. En el pinar reina el famoso níscalo (Lactarius deliciosus) y el boleto baboso (Suillus bellinii). La seta más buscada y apreciada desde el punto de vista culinario es la de cardo (Pleurotus eryngii), la cual crece en zonas de pastizal.

En este ecosistema también prospera el champiñón (Agaricus campestris) y la barbuda (Coprinus comatus).
Es en el pinsapar donde hallamos las especies raras y em- blemáticas del Parque Nacional. Entre los más interesantes señalaremos la cagarria (Morchella esculenta y conica), muy codiciada por los micófagos. Menos conocidos son Geastrum triplex, Antrodia xantha, Aleuria aurantia, Pluteus pouzarianus, Otidea leporina, Entoloma byssisedum, Ramaria stricta o la escasa Caloscypha fulgens. El hongo Heterobasidion annosum, por su parte, es el causante de una importante mortandad de pinsapos al afectar a la raíz por podredumbre.

LAS ORQUÍDEAS

Estas plantas, entre las más bellas que podamos encontrar gracias a sus vivos colores y aspecto, pasan casi desapercibidas debido a su tamaño pequeño. Las más, para asegurarse la polinización, adoptan las curiosas formas de los insectos. En Sierra de las Nieves crecen desde las más escasas o difíciles de encontrar como Ophrys atlantica, orchis cazorlensis, Cephalantera rubra, Serapias parviflora o Anacamptis pyramidalis, hasta las más comunes, entre ellas Barlia robertiana y las Ophrys lutea, scolopax, speculum y tenthredinifera. Son habituales en el pinsapar Aceras anthropophorum, Himanthoglossum hircinum y Orchis olbiensis. En el castañar crece la preciosa Cephalantera longifolia, en tanto, en bosques frondosos de quercíneas afloran Epitactis tremolsii, Limodorum trabutianum, Orchis champagneuxii e italica, Androrchis langei, Neotinea maculata y conica, y Dactylorhiza insularis y elata, esta última en lugares húmedos o cercanos a fuentes.

ÁRBOLES NOTABLES

Sierra de las Nieves destaca por ser refugio de un buen número de árboles destacables por su antigüedad, tamaño, historia, rareza, etc. A continuación, exponemos una relación de los que se encuentran recogidos en el catálogo de Árboles y Arboledas Singulares de Andalucía.
- Majuelos de la Cueva del Agua
- Rebollos del cerro del Robledal
- Castaño Santo de Istán
- Encina de los Quinitos
- Algarrobo de las Cuevas del Moro
- Pinsapo de la Escalereta
- Pinsapo del Puntal de la Mesa (Falsa Escalereta) 􏰀 Pinsapo de la Perra
- Pinsapo de la Alcazaba
- Pinsapo Moreno
- Pinsapo Azul
- Pinsapo del Puerto del Pinsapo
- Pinsapo Candelabro.

Fauna

El Coto Nacional de Caza de la Serranía de Ronda se crea en el año 1948 con la idea de proteger y recuperar las poblaciones de cabra montés y corzo morisco. Durante su existencia ha ido cambiando de nombre según la administración gestora en cada momento. En 1972 pasó a deno¬minarse Reserva Nacional de Caza y, finalmente, en 2003, bajo la gestión de la Junta de Andalucía, se renombró como Reserva Andaluza de Caza de la Serranía de Ronda. Aledaño a este centro de recuperación e investigación se habilitó un cercado donde las cabras montesas y los corzos se recuperan de las distintas afecciones que padecen. Además de gestionar los cupos de caza, este organismo ejerce una importante labor protectora que ha llevado a estabilizar la población del corzo morisco en el ámbito geográfico de la Serranía de Ronda.

Como no puede ser de otra manera, los reptiles y anfibios más comunes igualmente moran en Sierra de las Nieves. Citaremos entre los más interesantes a la lagartija andaluza (Podarcis vaucheri), a los eslizones ibérico y tridáctilo (Chalcides bedriagai y striatus), a la culebra de herradura (Hemorrhois hippocrepis) y a la culebra lisa meridional (Coronella girondica). Por parte de los anfibios hay que subrayar a la salamandra penibética (Salamandra salamandra subsp. longirostris), un endemismo del conjunto de la 57 Serranía de Ronda, y al sapillo pintojo meridional (Discoglossus jeanneae), bien representado en el espacio.

Desde unos años acá se ha incrementado la población de nutria (Lutra lutra). Igual camino sigue el cangrejo ibérico (Austropotamobius pallipes), que se ha visto favorecido por las actuaciones llevadas a cabo para asegurar su supervivencia frente al introducido cangrejo rojo americano. El cacho (Squalius malacitanus), es una especie ictícola exclusiva de la Serranía de Ronda y Campo de Gibraltar, que habita en el río Guadaíza. En Río Verde y en el propio Guadaíza hallamos las únicas po- blaciones andaluzas de blenio (Salaria fluviatilis).

En las ribera y ambientes húmedos moran algunos odonatos sumamente interesantes como Macromia splendens y Gomphus graslinii, ambas restringidas a la Península Ibérica y sur de Francia, y Oxygastra curtisii, considerada en peligro de extinción. El grupo de lepidópteros es bastante amplio, pero cabe destacar la presencia de las mariposas Eublemma rietzi, Eumedonia eumedon, Euphydryas desfontainii, Pseudophilotes panoptes y Cupido lorquinii.

El emblema faunístico de Sierra de las Nieves es la cabra montesa (Capra pyrenaica hispanica) que, a pesar de la incidencia de la sarna, encuentra en estas sierras una de sus mejores poblaciones en Andalucía. Fue por ello que en el anagrama del Parque Natural figuran las imágenes del pinsapo y de la cabra. Menos conocido es el sigiloso y mimético corzo morisco (Capreolus capreolus), un pequeño cérvido que habita las espesuras del bosque. El jabalí (Sus scrofa) se ha extendido en los últimos años, creando serios problemas en los cultivos, pastizales y áreas boscosas. El gamo (Dama dama), el muflón (Ovis musimon) y el ciervo hallan restringida su presencia a fincas cinegéticas del Parque Natural. Remata la lista de mamíferos el meloncillo (Herpestes ichneumon), el tejón (Meles meles), la garduña (Martes foina), el zorro (Vulpes culpes), el gato montés (Felis silvestris) y la gineta (Genetta genetta), esta última introducida por las tribus norteafricanas en el siglo VIII.

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