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Carratraca. Vuelve a Málaga con el Centro del 27

Diputación de Málaga
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Carratraca. Vuelve a Málaga con el Centro del 27

‘Tiempo de los baños’, María Victoria Atencia

Ciclo literario de los rincones de la provincia de Málaga a través de escritos de importantes autores. Nos adentraremos en aquellos lugares tan cercanos a todos para descubrir cómo los vieron y cómo los imaginaron los poetas.

Tiempo de los baños

1. Hotel del balneario

Reposa el balneario, mas la escalera extiende
sus tramos –de un imperio declinado sin duda-
por los cuartos y estancias a los que he de acercarme
en gracia de vacío, con la mirada limpia,
en tanto los ladrillos desprendidos se quejan
y en un hierro inseguro afianzo mi mano.

Aún no llego a la luz en el rellano último
y una nube me roza la cara, o es el frío
que al mismo tiempo viene desde el patio subiendo.
Y me detengo entonces, o una paz me detiene
no sentida hasta ahora. Y en la escalera soy
lo que su oquedad misma no puede revelarme.

2. Ruedo de Carratraca

La plaza en plena roca abierta se deshace
lentamente y la almagra un destino denuncia
de vuelo suspendido. Tan sólo embiste el eco
del canto de los pájaros, que en el alba repiten
con su frío los valles. La cinta de la aurora
perfila las montañas: ojo rojo en el cielo.
Los granates despiertan en el barranco. Pasan
a su manso quehacer cotidiano las bestias.

Sabré luego a qué día estamos hoy de marzo
A las mil ochocientas setenta y seis en punto,
cuando deje su blanca pamela en la barrera,
abandonada y sola, Eugenia de Montijo.

3. Casa de los baños

En dañados espejos un azogue de muerte
revoca el esplendor morado de los lirios.
¿Podréis reconoceros bajo el palio sin techo
de las aguas hediondas? Ocho columnas cercan
la majestad del baño, mientras corroe el óxido
el metal de los grifos, deja su mancha roja
sobre la porcelana o se aquieta en el mármol
de una tina sarcófago a ras de las baldosas.

El reloj ha perdido sus agujas, y un tiempo
de Luchino Visconti impone su vigencia
a los sucios colchones que en el desván se apilan
y a la vida que vuelve a cruzar estas puertas.

María Victoria Atencia