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Comunicación / Incomunicación

Diputación de Málaga

Boletín de Ventanilla Única


Comunicación / Incomunicación

COMUNICACIÓN E INCOMUNICACIÓN: PINTAR EL SILENCIO. FRAGMENTAR EL GRITO.

Stella Kamazón / Liviana Leone / Alicia Peláez.

 

El amor es plástico. El silencio corpóreo. Pero la emoción proviene de estas tres miradas que construyen la obra de arte como expresión y testimonial revelación de la agudeza que arroja nuestro tiempo. Un dolor invisible y una figuración de seres aislados, que viven la época vertiginosa y desmedida de la información y sus consecuencias, derramadas en la soledad de quienes no pueden acceder a ese caudal inagotable, gigantesco, precipitado y reiterado en una enorme diversidad de soportes y de caminos digitales. Liviana Leone, Alicia Peláez y Stella Kamazón, reúnen en esta exposición la narración de unos fragmentos palpitantes, que descubren el adormecimiento, la confusión y el terrible caos al que nos conduce esa paradoja doliente de lo multitudinario y lo apartado.

Con diferentes ópticas y consiguiendo, sin embargo, un aliento unitario, las obras expuestas se dirigen a la contemplación de lo ensimismado y lo perdido, y también a un clamor callado, encapsulado y alejado de ese eco chirriante que pudiera deshumanizarlo; es por eso que la línea sinuosa de la soledad se parte en collage, en franjas sucesivas, en mutilaciones estéticas que ahondan en el espejismo solitario de quien se siente acompañado y solo al mismo tiempo.

Una poética reflexión de palabras dibujadas y alusivas al poema de un mundo empujado a una cruel paradoja, asoma en las obras que, a veces, proyectan la purpúrea expresión de la sangre vertida, acompasada con la negrura de las formas vegetales y geométricas que habitan en la oscuridad. Seres cautivos de sí mismos radiografían sus siluetas, igual que un niño recorta la luz en una tarde de verano y de repente una tormenta oscurece el juego del corazón. Hay hileras donde esos seres caminan sin tocarse, hacia un rumbo desconocido, llevando un equipaje ausente de algo callado que quisiera gritar, rasgar, romper, trasvasar la frontera remota que cada día pinta la existencia. No en vano el alambre prodiga su extensión devoradora y circundante en las figuras y en los objetos. Las manos miran, se sublevan, exponen su mudo secreto abriéndose a los otros. Las manos metamorfosean los rasgos táctiles del sueño cerrado que desea tocar, hundir, excavar, para encontrarse con el mundo, fundirse en él, con una confianza protectora que no podrá desterrarnos al exilio de uno mismo.

Las raíces de un árbol despliegan su desolación en la tierra del grabado, igual que si fuese un ser necesitado de soporte, de siembra, de suelo firme y recuperado para la realidad y para el deseo.

Todo está recortado y todo puede ensamblarse. El puzzle que se refleja en cada obra es una invitación al estremecimiento visual, y también a la reflexión redentora que la pintura nos regala para humanizarnos.

Nadie quiere ese río desbordado que no aporta belleza, sensibilidad, sabiduría y solidaria esperanza compartida. Esta exposición está atravesada por lo invisible y por lo tangible.

Clamor y silencio. Comunicación e incomunicación. Tres mujeres conceden la ofrenda de su creación y logran, con profunda belleza e inteligencia, mostrar que es posible que el arte enseñe nuestras fisuras, y que unas imágenes inventadas consigan restaurar lo dañado, recomponer lo partido, la sombra a la luz, la tierra al aire, el fuego al agua, la incomunicación a la comunicación. Se miran y se ven, se hablan y se escuchan, se palpan y pueden tocarse y, ante la destrucción de la opaca soledad, el arte construye el milagro del amor.

 

HORARIO NAVIDAD. De lunes a viernes de 10 a 14 h. Sábados, domingos y festivos cerrado.
GRATUITO
Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia.
Ollerías, 34
Exposición
12/1/20161/5/2017Europe/MadridComunicación / IncomunicaciónDiputación de Málaga
COMUNICACIÓN E INCOMUNICACIÓN: PINTAR EL SILENCIO. FRAGMENTAR EL GRITO.

Stella Kamazón / Liviana Leone / Alicia Peláez.

 

El amor es plástico. El silencio corpóreo. Pero la emoción proviene de estas tres miradas que construyen la obra de arte como expresión y testimonial revelación de la agudeza que arroja nuestro tiempo. Un dolor invisible y una figuración de seres aislados, que viven la época vertiginosa y desmedida de la información y sus consecuencias, derramadas en la soledad de quienes no pueden acceder a ese caudal inagotable, gigantesco, precipitado y reiterado en una enorme diversidad de soportes y de caminos digitales. Liviana Leone, Alicia Peláez y Stella Kamazón, reúnen en esta exposición la narración de unos fragmentos palpitantes, que descubren el adormecimiento, la confusión y el terrible caos al que nos conduce esa paradoja doliente de lo multitudinario y lo apartado.

Con diferentes ópticas y consiguiendo, sin embargo, un aliento unitario, las obras expuestas se dirigen a la contemplación de lo ensimismado y lo perdido, y también a un clamor callado, encapsulado y alejado de ese eco chirriante que pudiera deshumanizarlo; es por eso que la línea sinuosa de la soledad se parte en collage, en franjas sucesivas, en mutilaciones estéticas que ahondan en el espejismo solitario de quien se siente acompañado y solo al mismo tiempo.

Una poética reflexión de palabras dibujadas y alusivas al poema de un mundo empujado a una cruel paradoja, asoma en las obras que, a veces, proyectan la purpúrea expresión de la sangre vertida, acompasada con la negrura de las formas vegetales y geométricas que habitan en la oscuridad. Seres cautivos de sí mismos radiografían sus siluetas, igual que un niño recorta la luz en una tarde de verano y de repente una tormenta oscurece el juego del corazón. Hay hileras donde esos seres caminan sin tocarse, hacia un rumbo desconocido, llevando un equipaje ausente de algo callado que quisiera gritar, rasgar, romper, trasvasar la frontera remota que cada día pinta la existencia. No en vano el alambre prodiga su extensión devoradora y circundante en las figuras y en los objetos. Las manos miran, se sublevan, exponen su mudo secreto abriéndose a los otros. Las manos metamorfosean los rasgos táctiles del sueño cerrado que desea tocar, hundir, excavar, para encontrarse con el mundo, fundirse en él, con una confianza protectora que no podrá desterrarnos al exilio de uno mismo.

Las raíces de un árbol despliegan su desolación en la tierra del grabado, igual que si fuese un ser necesitado de soporte, de siembra, de suelo firme y recuperado para la realidad y para el deseo.

Todo está recortado y todo puede ensamblarse. El puzzle que se refleja en cada obra es una invitación al estremecimiento visual, y también a la reflexión redentora que la pintura nos regala para humanizarnos.

Nadie quiere ese río desbordado que no aporta belleza, sensibilidad, sabiduría y solidaria esperanza compartida. Esta exposición está atravesada por lo invisible y por lo tangible.

Clamor y silencio. Comunicación e incomunicación. Tres mujeres conceden la ofrenda de su creación y logran, con profunda belleza e inteligencia, mostrar que es posible que el arte enseñe nuestras fisuras, y que unas imágenes inventadas consigan restaurar lo dañado, recomponer lo partido, la sombra a la luz, la tierra al aire, el fuego al agua, la incomunicación a la comunicación. Se miran y se ven, se hablan y se escuchan, se palpan y pueden tocarse y, ante la destrucción de la opaca soledad, el arte construye el milagro del amor.

 

Centro Cultural Provincial María Victoria Atencia, Ollerías, 34