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Historia de Montejaque

Diputación de Málaga

Historia de Montejaque

La población de Montejaque es de origen árabe, al igual que su nombre, que significa "montaña perdida".

Se sabe que en este pueblo hubo una alcazaba medieval, con sus minaretes, desde donde se vigilaba parte de la Serranía en una época en la que tuvo notable importancia dentro de la zona. Esta construcción desapareció completamente, quedando sólo su nombre en la Finca El Castillo.

De la época romana queda el lugar conocido como "El Puente", donde aún podemos ver los restos de un puente romano sobre el río Campobuche. Según se dice, en este lugar, y siglos después, los lugareños ganaron una pequeña batalla a las tropas napoleónicas, estando comandados por el vecino José de Aguilar.

Montejaque perteneció al señorío de la esposa de Miguel de Mañara, que está enterrada en la iglesia de Santiago el Mayor, del siglo dieciséis. El pueblo se puede dividir en dos zonas: la parte alta, denominada "El Castillo", que es un laberinto de estrechas callejuelas donde se observa la huella árabe y donde está una de las cuatro fuentes con las que contó la localidad. Recorriéndolas veremos que las casas son blancas, con cubiertas a dos aguas y tejas árabes, guardando casi todas ellas el tipismo serrano. Y la parte baja, que tiene un trazado más regular, con calles paralelas y simétricas. En esa zona está la iglesia y la plaza Mayor, que es el eje de unión entre ambos barrios.

Con su vecino Benaoján (apenas a dos kilómetros) comparte geografía e historia. Y también el agua potable del Fresnedilla y las cuevas del Hundidero (en Montejaque) y la del Gato (en Benaoján).

Su término municipal, de unas 4.800 hectáreas, es complejo, con bastantes dificultades topográficas y, a veces, climáticas. La despoblación que paulatinamente ha ido sufriendo desde finales del siglo diecinueve ha empezado a superarse gracias al impulso del turismo que ha logrado que alguna empresa de la zona se dedique a rehabilitar casas antiguas para su alquiler. También en su economía influye la modesta industria local ya que la agricultura es insuficiente, pues tan sólo el 25 por cien del territorio es cultivable y apenas cuatro hectáreas son de regadío. Los principales cultivos son el olivar y el cereal, que se completa por la cabaña de cabras, ovejas, vacas y cerdos. De arraigo, y no exento de alguna polémica con sus vecinos del Parque de Grazalema, es la caza del conejo.