Esta web utiliza cookies para obtener datos anónimos de acceso. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra política de cookies.

×

Historia de Marbella

Diputación de Málaga

Historia de Marbella

Marbella fue primero minera, después agrícola y al final turística. Es una ciudad antigua y noble. Pero pocos saben que los primeros asentamientos datan del Paleolítico; que la profunda huella romana legó las termas de Las Bóvedas (única con estructura aérea) o la villa de Río Verde (cuyos mosaicos culinarios son excepcionales); que cuenta con uno de los monumentos visigodos más acreditados del país, la basílica paleocristiana de Vega del Mar; que los musulmanes ya la denominaron la "bien habitada" y levantaron una fortaleza que ha aguantado el paso del tiempo; y que se convirtió en ciudad realenga, tachonada de miradores, con aristocráticos edificios, como el Hospital Bazán, y conventos que mediaban en el rescate de los cautivos de la Berbería (entre ellos Cervantes).

Es la Basílica de Vega de Mar la que prueba los asentamientos que se produjeron en esta zona y en los que los historiadores sitúan la antigua Cilciniana. En el entorno se han encontrado a lo largo de distintas excavaciones, sepulturas y objetos de cerámica y metal.

Cuando la Marbella musulmana es tomada por los Reyes Católicos, la entrega de llaves se hizo ante una cruz que actualmente se guarda en un pequeño templete que está en Málaga: es la Cruz del Humilladero. A partir de ese momento el pueblo abandonó el recinto amurallado del castillo para extenderse por toda la zona.

Ya en el siglo diecinueve Marbella se convirtió en la capital nacional de la siderurgia con los primeros altos hornos de España: tres en la finca de La Concepción y tres en El Ángel, de las familias Heredia y Ejiró. Aquí se llegó a fabricar el 75 por ciento del hierro que se fundía en España procedente de la finca de El Peñoncillo, que se explotó hasta 1931. Finalmente la industria siderúrgica se hundió por la competencia del norte (Vizcaya), que ya utilizaba carbón de coke, más rentable que el costoso carbón vegetal que se usaba en las malagueñas.

Paralelamente, Marbella se convirtió en pionera agrícola con las colonias del Marqués del Duero y, en menor escala, de El Ángel. A finales del siglo diecinueve el general Manuel Gutiérrez de la Concha, Marqués del Duero, diseñó San Pedro Alcántara, la mayor obra de colonización agrícola realizada en nuestro país por un particular sobre 10.000 hectáreas de terreno situadas entre los ríos Guadaiza y Guadalmansa. Fue una colonia dedicada al cultivo de la caña de azúcar y la remolacha, contando con su propio ingenio azucarero, edificio que se sigue conservando aunque destinado a la celebración de actos culturales.

Marbella vivió antes y tras la guerra civil el hundimiento de su economía, que recuperó su pulso gracias a un fenómeno sólo olfateado por visionarios: el turismo. La transformación espectacular parte de 1940, aunque el gran despegue se inicia en 1943 con la llegada de Ricardo Soriano, el marqués de Ivanrey, que funda la Venta y Albergues del Rodeo. Se trataba de un complejo residencial, con urbanización aledaña, que marcaría el estilo y rumbo turístico de la ciudad. Ivanrey copió de Estados Unidos el bungalow, aunque bastante más rústico, semejante a las chozas campesinas. Imanta a artistas de la época, como Edgar Neville, Conchita Montes o Antonio "El Bailarín", que apuestan por una Marbella idílica, con playas de dunas y con La Concha como perfil eterno, garante de su bondad climática.

La ciudad se transformó para albergar a los visitantes, las viviendas se remodelaron y cambió el valor del suelo. En la mayoría de los casos los propietarios vendían a otros promotores que hacían magníficos negocios. Quizá, como anécdota, señalar que los terrenos que se vendieron en la zona de Nagüeles por 13 millones de pesetas (algo más de 78.000 Euros) hoy son la zona conocida "Milla de Oro". Se crean nuevos hoteles, como El Fuerte, el San Nicolás, Guadalmina o Salduba, y los emblemáticos Los Monteros y Don Pepe.

Mientras que todas estas operaciones se realizaban, llegaron a Marbella los primeros constructores de la "meca del turismo": Don Alfonso de Holenlohe y Don José Banús. Este último acomete una promoción titánica con la mayor urbanización hasta entonces conocida en el país. Un macroproyecto bautizado como Puerto Banús y que incluía varios hoteles (Hotel del Golf y Andalucía Plaza), campos de golf, plaza de toros, discotecas y un puerto deportivo que, desde su inauguración (a la que acudieron Grace Kelly y Rainiero de Mónaco), se convirtió en el más grande de Europa.

Años después, en los 80, llegaron, como grandes inversores, los árabes. En esa época el rey Fahd construyó un palacio en la localidad sobre una gigantesca finca vallada y también se edificó la Mezquita de Marbella, ambos magníficos edificios. Y llegaron los bancos árabes. Era una época que ayudó a difundir la imagen de meca de multimillonarios, de hombres y mujeres de negocios y de artistas de renombre mundial. A esa dinámica contribuyó Don Alfonso de Holenlohe quien comenzó a atraer a personajes hasta su hotel, el Marbella Club, gente como los Onassis, Maria Callas, los Duques de Windsor o Ava Gardner. Y Puerto Banús que ha albergado yates tan famosos como el del magnate Kassoghi con las letras Nabila en oro, o el del Conde de Barcelona, el Giralda. Un puerto cuya torre de operaciones destaca entre el caserío blanco que rodea a los yates y que cuenta con más de 900 puntos de atraque.

Durante lustros Marbella ha estado a la cabeza en inversiones extranjeras en España. Cuenta en su término y alrededores con una de las mejores infraestructuras de golf de toda Europa y el turismo náutico crece con nuevos puertos. Es un pequeño paraíso natural aderezado con excelentes instalaciones de ocio.

La población del término municipal de Marbella se reparte, aparte de la propia Marbella, en diversos núcleos, siendo los más importantes los de San Pedro de Alcántara, Las Chapas y El Ángel. A lo largo de los 25 kilómetros de costa que tiene su término se suceden, desde el Sitio de Calahonda hasta Guadalmina, numerosas urbanizaciones que parecen pequeños pueblos.

Toda esta evolución ha hecho que prácticamente haya desaparecido la actividad agrícola que antes ocupaba a la mayoría de la población, acabando con las mejores fincas que existían para esas labores como Huerta la Grande, Huerta la Chica, Huerta Belón o el Molino del Viento, y que ahora están urbanizadas.

Pero centrándonos ya la ciudad, y para conocerla, nada como pasear por ella. Para conocer el centro Un paseo por el centro del pueblo lo podemos iniciar en la calle Lobatas, donde las casas siguen teniendo dos plantas. Por allí, podemos recorrer la plaza del Santo Cristo y bajar por la calle Ancha hasta alcanzar el Puente de Ronda, que será el acceso a la popular plaza de los Naranjos, lugar visitado por miles de personas. Allí se encuentra la Casa del Corregidor, construida en el siglo dieciséis, fecha de la que data también el antiguo Ayuntamiento. A su lado se levanta un edificio que alberga la Casa Grande de Marbella y, junto a él, la ermita de Santiago, construcción del dieciséis que alberga las imágenes del Cristo del Amor y María Santísima de la Caridad, tallas que forman parte de la Semana Santa de Marbella.

También en el centro encontraremos la parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, del siglo dieciocho, cuyas tres naves conducen al retablo del altar mayor desde donde se aprecia uno de los órganos más importantes de Andalucía. En un altar de caoba y plata descansa la Soledad con su manto negro, una de las tallas más antiguas de la Semana Santa. A la salida de la Encarnación, por la puerta lateral, llegamos a la conocida calle del Viento, callejuela estrecha y flanqueadas por paredes blancas, que nos conduce hasta el antiguo Hospital de Bazán que fue fundado por Don Alfonso Bazán (alcalde regidor de Marbella) en 1568. Era una casa levantada para atender a los más necesitados de la villa y que contaba con un artesonado mudéjar impresionante. Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho que el edificio sea remodelado situándose en él el Museo del Grabado Español Contemporáneo. Siguiendo por esta misma calle, y según cuentan las tradiciones, en ella parece que hubo un convento de monjes mercedarios en el que descansaban los cautivos y que, habiendo uno de ellos llamado Miguel de Cervantes, un monje se cambió por él. Abandonando ya la calle del Viento, podremos buscar las murallas de la Barbacana del castillo, una fortaleza elevada y defendida por los árabes hasta su rendición. La parte más alta que se conserva es la que miraba al río, el arroyo de la Represa, que ahora está embovedado y era el que servía de foso al castillo. La leyenda cuenta que existen pasadizos que comunican la fortaleza con el mar. Unos túneles que conducen hasta la playa donde se levanta el Fuerte de San Luis, del que sólo se conserva una pequeña torre. Los restos sirven ahora como sala de exposición de los inicios de la actividad turística en la ciudad, ya que en este lugar se ha levantado un complejo hotelero.

Para seguir conociendo Marbella hay que ir por las calles de "El Barrio", en su mayoría peatonales, lejos de la ostentación y con casas adornadas por flores en sus puertas y balcones, como las de la calles Luna, Sol y Lucero o las de San Cristóbal y San Ramón lugares que, desde su sencillez, ofrecen un imagen más serena de la localidad. Lugares a los que se unen otros rincones de la ciudad de enorme belleza, como la calle Aduar, que se empina suavemente. O "La Alameda", el parque más antiguo de la localidad, un parque con árboles centenarios que encierra cientos de historias y en el que en los años 60 del siglo pasado giraba la diversión y ocio.

Lógicamente, Marbella vive del turismo, sobre todo de la hostelería y el comercio. En ella se mezclan hoteles de gran lujo con pensiones y hostales. Hay para todos los niveles económicos. Y junto a ellos los exclusivos restaurantes y tiendas en las que se dejan de ver los famosos. Pero también el popular "mercadillo" que llena calles y calles con puestos que ofrecen al visitante casi de todo.

El lado más popular se eleva al máximo en las fiestas de su patrono, San Bernabé, que culmina el 11 de junio. Esta fiesta servía como pretexto para visitar la Cruz de Humilladero y recordar el inicio cristiano de Marbella; un día en el que pasean por las calles de centro los Gigantes y Cabezudos. Otra fiesta muy querida es la de la Virgen del Carmen, a mitad de julio, donde numerosas embarcaciones pesqueras y de recreo acompañan a la Virgen por las aguas de la bahía. Son fechas en las que los barrios pesqueros celebran sus fiestas marineras como el de "La Bajilla", junto al puerto pesquero, o "El Barrio". Era precisamente el día de la Virgen del Carmen el que, una vez bendecida las aguas, abría los días de playa para los marbellíes, aunque esta tradición ya se ha perdido por el turismo. Y, finalmente, la Feria de San Pedro de Alcántara, a mediados de octubre.

Marbella, lugar paradisiaco, lujo y tradiciones, gente, playas, sol, golf, restauración, mezcla de culturas. No se puede decir que se conoce la Costa del Sol si no se conoce Marbella.