Esta web utiliza cookies para obtener datos anónimos de acceso. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra política de cookies.

×

Historia de Yunquera

Diputación de Málaga

Historia de Yunquera

Al encontrarse Yunquera situada en uno de los dos únicos pasos que permiten atravesar las montañas orientales de la Serranía de Ronda y, además, disponer de agua abundante en los manantiales de la sierra, no es de extrañar que la presencia del hombre sea muy antigua, como lo demuestra el yacimiento prehistórico del cercano Valle de Jorox en el municipio colindante de Alozaina.

En cualquier caso, las primeras noticias que tenemos de la transformación del paisaje por parte del hombre sitúan su presencia en estas tierras en la época romana. En esa época surgen algunas casas de labor y villas de descanso entorno a los manantiales de la zona. Los romanos la denominaron "Juncaria", que significa pantano o prado de juncos.

Posteriormente los árabes sacarían mayor provecho a la zona aportando huertos regados por las aguas de los manantiales cercanos. Esa tradición agrícola se ha mantenido hasta nuestros días destacándose los parajes de singular atractivo en los fondos de los valles del Río Grande y de su afluente el río Jorox. Dicha actividad agrícola se extiende a las lomas y ondulaciones del altiplano, con importantes extensiones de olivar. Y es en la zona central del altiplano donde se sitúa el municipio.

Como se ha señalado anteriormente posiblemente el núcleo original ya existió en época romana y más tarde hubo un asentamiento árabe. De los escasos vestigios que quedan de la dominación musulmana está la Ermita Mora, a unos 500 metros del pueblo. En tiempos esta ermita comunicaba mediante un túnel con el castillo, ubicado en la parte más alta de Yunquera, que consta de dos plantas y fue restaurado en el siglo diecinueve. Parece ser que también fue construido por los árabes y que en la Guerra de Independencia cumplió labores como torre vigía para hacer señales con antorchas y candelas. Mole cilíndrica rematada por sus almenas, la torre, de piedra rojiza y reconstruida se halla en un cerro rodeado de olivos.

Pero la Yunquera actual data de la repoblación efectuada tras la conquista cristiana. Su casco viejo es digno de visitar para apreciar la huella del pasado en una trama urbana que aún conserva el trazado medieval. La arquitectura es de estilo rústico, con viviendas de escasa altura, de dos plantas, con techumbre en teja árabe y fachadas blancas por la cal. Sus calles y plazas evocan tiempos pasados: la plaza del Poyo, punto neurálgico del pueblo, o calles como Virgen del Rosario o Sor Teresa Mora. Hay otras donde encontraremos fuentes de agua cristalina, como el pilar de la calle Nueva, el de la calle del Castillo o el de El Poyo, rectangular y con tres caños. Paseando veremos la iglesia de la Encarnación, levantada en siglo dieciocho, la ermita del Cristo de la Cruz del Pobre (a las afueras) o el Puente de Palo, lugar por donde discurría un pequeño acueducto que era de canales de madera y que atravesaba un antiguo camino ahora carretera. Hoy el agua discurre por un arco con cauce de mampostería que hace que la canalización aérea supere el desnivel existente entre los numerosos bancales de la zona. En cualquier caso, en Yunquera los tres símbolos identificativos son el castillo (la torre), el pinsapo y la cabra montés.

El término municipal, de unos 55 kilómetros cuadrados, se extiende desde el Peñón de los Enamorados y Tajo de la Caína hasta la unión de los ríos Grande y Jorox. La economía local se basa en la agricultura, con cultivos de frutales, olivos y castaños. También hay patata, maíz y hortalizas.