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Historia de Carratraca

Diputación de Málaga

Historia de Carratraca

El nacimiento del pueblo actual se sitúa alrededor del siglo diecinueve y se debe a la ampliación del balneario, que se convirtió en uno de los principales atractivos turîsticos de este municipio. Según la tradición, fue un mendigo, Juan Camisón, el que descubrió las propiedades terapêuticas de sus aguas. El apodo de "camisón" le venîa de que êsta era la prenda que vestîa para que, las llagas que cubrîan su cuerpo, no le molestaran. Cuando llegó a un cortijo situado junto al manantial para implorar la caridad de los habitantes, observó que un cabrero echaba agua a sus cabras para curar las úlceras que tenîan sobre la piel, observando que, al cierto tiempo, curaban. Entonces decidió bañarse y tambiên sanó.

El balneario es un edificio que alberga las aguas curativas y se encuentra en la calle Baños, siendo de estilo neoclásico y edificado en piedra arenisca y mármol. Se levantó a mediados del siglo diecinueve (1847) cuando se hizo necesaria la construcción del establecimiento que serîa inaugurado con la forma actual de 1855. Para su ampliación, en aquellos años, se utilizaron terrenos propiedad del Conde de Teba, padre de Doña Eugenia de Montijo, que fueron cedidos a condición de utilizar un baño de forma exclusiva para su hija, que aún hoy se conserva. De todos modos, no parece que la que fuera esposa de Napoleón Tercero llegase a usar ese baño, ni si quiera que visitara la localidad.

El poder curativo de estas aguas está cientîficamente probado y entre sus aplicaciones terapêuticas destaca el uso para cualquier afección de la piel y mucosas, procesos invalidantes reumáticos, artrósicos o artrîticos o afecciones del sistema nervioso, entre otros. Entre las personalidades que han disfrutado de estos baños se incluyen Moreno Carbonere, Rilke y Romero de Torres; ya en êpoca más reciente están Antonio Gala, Marîa Victoria Atencia y Antonio Banderas.

En cualquier caso, no todo es el balneario. Desde lo alto de la colina en cuyas faldas está el pueblo, se exhibe todo los sîmbolos del pueblo: la plaza de toros, el palacete de Doña Trinidad (hoy Ayuntamiento), la iglesia .... Las particularidades carratreñas se expanden incluso en su arquitectura, que por su volumen y diseño, son distintas al resto de la comarca. Hay casas de tres pisos, alzadas por los burgueses de la êpoca que trasladaron allî su residencia por el tema del Balneario. Quizá la más emblemática es aquella cuyo primer propietario fue Don Carlos Donoy, gobernador malagueño de Fernando Sêptimo. Ésta, posteriormente, se trasformó en hotel.

Asî pues, la economîa de este municipio casi siempre se ha basado en ese turismo ya que la mayorîa de su têrmino municipal se sitúa en un terreno accidentado que pertenece a las sierras de Alcaparîn, Aguas y Jarales que limitan la agricultura.