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Necrópolis Megalítica de Encinas Borrachas. Alpandeire

Diputación de Málaga

Necrópolis Megalítica de Encinas Borrachas. Alpandeire

Alpandeire acoge monumentos interesantes como el Antiguo Pósito, en el centro del pueblo, que data del siglo XVII y en la actualidad es un centro cultural; los dólmenes de "Encinas Borrachas" y "Montero" y el Monolito de Fernando VII. Asî mismo, encontramos una serie de edificaciones relacionadas con la vida del santo Fray Leopoldo de Alpandeire como Villa Frîa, su casa natal y la estatua de El Cerrejón.

Las primeras noticias de los Dólmenes de Encinas Borrachas datan de 1946, de la mano de uno de los grandes valedores del patrimonio arqueológico malagueño, Simeon Giménez Reyna. El conjunto está integrado por tres sepulcros megalíticos situados en el entorno del Puerto de Encinas Borrachas, al norte del término municipal de Alpandeire: el Dolmen de Encinas Borrachas, el Dolmen de Montero (o de Fuente de la Piedra) y la Sepultura del Gigante (o Dolmen del Cortijo del Mimbre).

El Puerto de Encinas Borrachas constituye el paso natural entre el valle del Genal y Ronda, a través del arroyo de Audalázar. La Necrópolis de Encinas Borrachas se localiza en este entorno, un paisaje definido por formaciones orográficas superiores a los 1.000 metros de altitud y con abruptas pendientes. En la llanura superior, junto al puerto del mismo nombre, se encuentra el Dolmen de Encinas Borrachas; en la cabecera del arroyo de Audalázar, franqueado por los Cerros del Fraile y Doña María (al oeste), y de Montero y Alto del Conio (por el este), se localizan los dólmenes de Montero y la Sepultura del Gigante.

Estos dólmenes son monumentos funerarios propios del megalitismo, que en Antequera tienen sus más monumentales expresiones a nivel europeo Forman parte de la veintena de estructuras funerarias de este tipo localizadas en la Serranía de Ronda, que en la gran mayoría de los casos adolecen de un adecuado estado de conservación. Pueden datarse entre finales del Neolótico y la Edad del Cobre (finales del IV-III milenio a.C.) y están vinculados con poblaciones en las que la actividad pastoril tuvo cierta importancia, junto a la práctica de actividades agrícolas.

La estructura de este tipo de sepulcros en galería sigue parecidas directrices arquitectónicas: pueden tener forma rectangular o ligeramente trapezoidal; conformados por una serie de lajas de piedra dispuestas verticalmente llamadas ortostatos, presentando una disposición en galería que tiene por una parte una entrada al dolmen, seguida de un corredor y finalmente en la cabecera se suelen concentrar los restos humanos junto al ajuar funerario. Los ortostatos verticales están cubiertos por otros dispuestos horizontalmente que cierran la galería. Las galerías pueden estar divididas por ortostatos transversales dando lugar a distintas cámaras.

Respecto a las dimensiones, en el caso del Dolmen de Encinas Borrachas, que es el más fácilmente visitable, tiene 0.80 metros de ancho y 6.30 metros de largo, aunque existen otros de dimensiones mucho mayores, caso de los Dólmenes de Antequera. Para los tres dólmenes de esta necrópolis, las lajas de piedra son de calizas jurásicas del entorno, aunque solo en el Dolmen de Encinas Borrachas proceden de los lugares inmediatos; en los otros dos dólmenes hubieron de ser transportadas las piedras. La dificultad técnica que supuso la construcción de estas estructuras y por el hecho de ser panteones, implican que solo una sociedad de organización compleja, previsiblemente de base tribal y con fuertes lazos de parentesco, podía llevar a cabo estos esfuerzos comunitarios.
Alpandiere

La constitución de Alpandeire (o Pandeire, como se recoge en 1752 en el Catastro de la Ensenada) se ha interpretado como uno de los primeros asentamientos de origen árabe de la serranía de Ronda. Tras la expulsión de los moriscos en 1570, los despoblados de Audalázar (al norte del actual pueblo) y de Pospílar (al sur) se unieron al propio Alpandeire, conformando su actual término municipal. En 1815 Alpandeire obtuvo la posesión del Real Privilegio de Villazgo, otorgado por Fernando VII como premio al comportamiento del pueblo durante la dominación francesa.

La situación geográfica de Alpandeire, en la parte noroeste del Valle del Genal y limitando por el norte con la comarca de la Serranía de Ronda, otorga las características al paisaje de su término municipal, con una zona poco poblada de arboleda al norte, consecuencia de la tala indiscriminada de árboles en épocas pasadas, con presencia de matorral de jaras y aulagas. Contrasta esa zona con la parte sur, densamente poblada, donde los quejigos, alcornoques y encinas, más comunes que los castaños en la zona oeste del Valle del Genal, alternan con frutales, cuya presencia ya detalló Madoz en 1850.

El núcleo actual del municipio de Alpandeire está asentado en una ladera inclinada al oeste. Con un entramado de calles de tipología andalusí, destaca en su casco histórico la Iglesia Parroquial de San Antonio de Padua, descomunal por su tamaño en relación al número de habitantes del municipio (algo menos de 300). Fue construida en el siglo XVIII sobre los cimientos de otra anterior, edificada hacia la mitad del siglo XVI por el arzobispo de Sevilla.

La iglesia de Alpandeire tiene planta basilical de tres naves con bóvedas y crucero cubierto de cúpula. La fachada presenta dos campanarios laterales octogonales con tejados de teja morisca. En sus sótanos se ubican un cementerio y una cripta donde se encuentran dos cadáveres momificados, sin que hayan sido estudiados hasta el momento.

Otro de los elementos que definen el municipio es ser el lugar de nacimiento del fraile capuchino fray Leopoldo de Alpandeire. La casa donde vivió en el casco urbano está habilitada para su visita. Además de por su interés en relación a la figura del popular fraile, permite comprobar en su interior la estructura del tipo de edificaciones que había en el siglo XVIII del municipio.

Monumentos y arte > Edificación notable
Ctra. Faraján-Alpandeire, CP 29460